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La milenaria basílica de San Juan de Letrán, catedral de Roma, acogió una de las ceremonias más importantes que se pueden celebrar en su interior: la consagración episcopal de un nuevo obispo auxiliar de la Ciudad Eterna: Angelo de Donatis.

El encargado de presidir la ceremonia fue su inmediato superior en la diócesis, el obispo de Roma y por tanto, el Papa Francisco.

Sí quiero.

En la homilía Francisco repitió que ser obispo no es sinónimo de poder sino de servicio.

FRANCISCO
“El episcopado, de hecho, es el nombre de un servicio, no de un honor. El obispo debe servir, no dominar”.

El Papa pidió al nuevo obispo que cuide especialmente la formación espiritual de los seminaristas y diáconos diocesanos y también le ofreció algunos consejos. Por ejemplo, que las homilías sean cortas, que vayan al centro de la cuestión y que remuevan el interior de la gente.

FRANCISCO
“Que tus palabras sean sencillas. Que todos entiendan, que las homilías no sean largas. Que transmitan la gracia de Dios. Sencillez. Que todos entiendan y que en todos se suscite el deseo de ser mejores”.

A las puertas del Año de la Misericordia el Papa también pidió al nuevo obispo auxiliar que practique la misericordia con hechos, no sólo con palabras.

FRANCISCO
“Te pido, querido hermano, que seas misericordioso. La Iglesia y el mundo necesitan mucha misericordia”.

Uno de los momentos más emotivos de la ceremonia fue la imposición de manos, porque no  sólo lo hizo el Papa sino que todos los obispos presentes y de esta manera, el nuevo obispo auxiliar de Roma fue recibido en el episcopado.

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