¿Qué es practicar la misericordia?

por Renovación Carismática Católica / Grupo de Oración

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Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”. (Mt 5,7)

Jesús nos enseña qué es la misericordia, cuando nos fijamos en su actitud frente al dolor o la necesidad. Jesús vino a salvar lo que estaba perdido, a cargar con nuestras miserias para aliviarnos de ellas, a compadecerse de los que sufren y de los necesitados. No pasa de largo, se da cuenta enseguida del dolor, de detiene y salva. Cada página del Evangelio es una muestra de su misericordia con todos. Busca en el Evangelio: Lc 15, 11,32; Lc 10, 30-37; Mt 18, 23-35; Mt 18, 12-14; y verás que Jesús hace de la misma misericordia uno de los temas principales de su predicación.

El campo de la misericordia es tan grande como la miseria humana que se trata de remediar; pues eso es la misericordia: “compasión de la miseria ajena, que nos mueve a remediarla, si es posible” (San Agustín). En el orden físico, intelectual y moral, el hombre puede estar lleno de calamidades y miserias. Por eso las obras de misericordia son innumerables –tantas como necesidades del hombre-, aunque tradicionalmente, a modo de ejemplo, se han señalado catorce, en las que esta virtud se manifiesta de manera concreta. Nuestra actitud compasiva y misericordiosa ha de ser en primer lugar con los que habitualmente tratamos, con quienes Dios ha puesto a nuestro lado y con aquellos que están más necesitados.

La misericordia nos llevará a preocuparnos de la salud, del descanso, del alimento de quienes Dios nos encomienda. Por ejemplo, los enfermos merecen una atención especial: compañía, interés verdadero por su curación, facilitarles el que ofrezcan a Dios su enfermedad…, así se hacen obras de misericordia materiales, al procurarles lo necesario para aliviar su enfermedad físicamente y espirituales, al prestarles atención, paciencia y solicitud a sus necesidades psicológicas.

La escritura está llena de citas que nos invitan a la misericordia: Lc 6,36; Ef 4,32; Tob 4,8; Dt 15,11; Prov 24,11; Eclo 29,27; Zac 7,9; Mt 18,33; Is 58,10; Mt 10,42; Sal 40,2; Prov 11,17; Prov 21,3; etc… .

 

Palabras de los padres de la Iglesia    

“Por misericordia se entiende aquí no sólo la que se practica a través de las limosnas, sino la que produce el pecado del hermano, ayudando así unos a otros a llevar la carga” (San Jerónimo)

“Es la tristeza del mal ajeno, pero en cuanto se estima como propio” (Santo Tomás)

“Misericordioso es el que considera la desgracia de otro como propia, y se duele del mal de otro como si fuera suyo” (San Remigio)

“La misericordia no se queda en una escueta actitud de compasión, la misericordia se identifica con la superabundancia de la caridad que, al mismo tiempo, trae consigo la superabundancia de la justicia. Misericordia significa mantener el corazón en carne viva, humana y divinamente transido por un amor recio, sacrificado, generoso”. (J. Escrivá de Balanguer)

“Quien practique la misericordia -dice el apóstol- que lo haga con alegría: esta prontitud y diligencia duplicarán el premio de tu dádiva. Pues lo que se ofrece de mala gana y por fuerza no resulta en modo alguno agradable ni hermoso” (San Gregorio Nacianceno).

“La justicia y la misericordia están tan unidas que la una sostiene a la otra. La justicia sin misericordia es crueldad; y la misericordia sin justicia es ruina, destrucción” (Santo Tomás)

“Las obras de misericordia son la prueba de la verdadera santidad” (Santo Tomás)

“La caridad no se practica solo con el dinero. Podéis visitar a un enfermo, hacerle un rato de compañía, prestarle algún servicio, arreglarle la cama, prepararle los remedios, consolarle en sus penas, leerle algún libro piadoso” (Santo Cura de Ars)

“No hay mejor misericordia que otorgar el perdón a quien nos ha ofendido” (Santo Tomás)

 

Obras de misericordia corporales:

1.         Dar de comer al hambriento.

2.         Dar de beber al sediento.

3.         Vestir al desnudo

4.         Visitar a los enfermos

5.         Asistir al preso

6.         Dar posada al caminante

7.         Sepultar a los muertos

 

Porque tuve hambre y ustedes me alimentaron; tuve sed y ustedes me dieron de beber. Pasé como forastero y ustedes me recibieron en su casa. Anduve sin ropas y me vistieron. Estuve enfermo y fueron a visitarme. Estuve en la cárcel y me fueron a ver” (Mt 25, 35-36)

 

En general, se refieren a las necesidades corporales. Pero también se refieren al alimento, abrigo y asistencia espirituales; necesitamos de los dos aspectos para vivir.

En nuestra sociedad hay por desgracia muchos que carecen de lo más indispensable: “matan el hambre”, pero ciertamente no se alimentan, sufren las inclemencias del clima por no tener ropa adecuada y techo seguro en donde resguardarse.

Podemos decir que es muy difícil remediar esta situación, damos algunas monedas a alguien y en el otra esquina hay otro montón de personas pidiendo también. Es cierto que nunca acabaremos, pero también es cierto que hay muchos medios efectivos para colaborar, de acuerdo a nuestras posibilidades.

Existen por ejemplo, organizaciones dedicadas a atender a los que no pueden cubrir estas necesidades primarias, son instituciones de carácter social, o de beneficencia pública, muchas de ellas inspiradas y apoyadas por nuestra Iglesia, generalmente tienen experiencia y capacidad para distribuir de la mejor manera los recursos que los bienhechores les alcanzan. También en todas las parroquias existen grupos apostólicos de la Pastoral Social, cuyo objetivo es precisamente: dar de comer al hambriento, de beber al sediento y vestir al desnudo.

Obras de misericordia espirituales:
“También debemos practicar, junto a las llamadas materiales, las “obras espirituales de misericordia”. En primer lugar, corregir al que se equivoca, con la advertencia oportuna, con caridad, sin que le ofenda; enseñar al que no sabe, iluminando su inteligencia con la luz del Señor; aconsejar al que duda, con honradez y rectitud de intención; consolar al afligido, compartiendo su dolor; perdonar al que ofende, sabiendo disculparle con comprensión; socorrer al que necesita ayuda, excediéndonos en el servicio. Y, finalmente, rogar a Dios por los vivos y por los difuntos. Éstas, desde luego, tienen también su fundamento en la Palabra de Dios:

  1. Enseñar al que no sabe.
  2. Dar buen consejo al que lo necesita. “Que la palabra de Cristo habite en ustedes con todas sus riquezas. Que sepan aconsejarse unos a otros y enseñarse mutuamente con palabras y consejos sabios” (Col 3,16)
  3. Corregir al que se equivoca. “Si tu hermano ha pecado contra ti, anda a hablar con él a solas. Si te escucha, has ganado a tu hermano. Si no te escucha, lleva contigo a dos o tres de modo que el caso se decida por boca de dos o tres testigos. Si se niega a escucharlos, dilo a la Iglesia reunida” (Mt 18, 116-17)
  4. Perdonar las injurias. “Pedro se acercó y le dijo: Señor, ¿cuántas veces debo perdonar las ofensas de mi hermano? ¿hasta siete veces? Jesús le contestó: No digas siete veces, sino hasta setenta veces siete”. (Mt 18, 21-22)
  5. Consolar al afligido. “Anímense mutuamente y ayúndense unos a otros a crecer juntos” (1Tes 5,11)
  6. Tolerar los defectos del prójimo. “Sopórtense y perdónense unos a otros, si uno tiene motivo de queja contra otro” (Col 3, 13)
  7. Hacer oración por los difuntos. “Pues si no hubieran creído que los compañeros caídos iban a resucitar, habría sido cosa inútil y estúpida orar por ellos” (2Mac 12,45)

Todos los días tenemos la oportunidad de practicar estas obras de misericordia, comenzando por las personas que viven con nosotros. La corrección fraterna, la tolerancia, el perdón, son obras muy concretas con las que damos testimonio de nuestro ser cristiano.
También estas acciones se pueden hacer a través de los distintos grupos apostólicos dedicados a la educación y promoción humana, que es a fin de cuentas, también evangelización, del mismo modo hay instituciones públicas y privadas que se dedican a las mismas actividades, a manera de servicio social, esos lugares necesitan también de nuestra ayuda, que puede ser material o de mano de obra.

Como vez, es muy amplia la lista de acciones concretas que podemos hacer para cumplir las obras de misericordia, quizá ya lo estés haciendo y no te dabas cuenta. Es natural en el hombre el deseo de hacer algo por los demás -es esta la acción del Espíritu Santo que nos inspira a hacer el bien-. Ahora que lo sabes, puedes aumentar el mérito de tus buenas obras, ofreciendo a Dios todo lo que hagas en favor de otros, pensando en que estás cumpliendo con el mandato de Jesús: “amar al prójimo como Él nos ama“.
Practicar las obras de misericordia, es una manera de evangelizar. Actuar por amor a Jesús marca la diferencia entre un “trabajo social” y un “apostolado”.

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