Cómo ser una persona misericordiosa: 5 verdades que impulsan

Recogidas de las Proposiciones Finales del III WACOM expuesto en Colombia por el enviado especial del Papa el cardenal Errázuriz

Escrito por

zhouws
Con un corazón agradecido y sobrecogido por la participación de los peregrinos venidos de distintas partes del mundo, el cardenal Francisco Javier Errázuriz, enviado especial del Papa para el Tercer Congreso Mundial de la Misericordia realizado en Bogotá, tuvo el encargo de dar a conocer las Proposiciones Finales del Congreso.
“Hombres y mujeres de la misericordia de Dios”
El cardenal Errázuriz, haciendo un recorrido breve de la fidelidad de Dios en la historia de la salvación, expresó la sobreabundancia del amor de Dios que se ha manifestado en su único Hijo, Jesucristo: “Él nos ha revelado cuán grande es el amor de Dios, cuán inagotable su fidelidad, cuán inalterable es su voluntad de amarnos primero y de perdonarnos, para despertar nuestro amor y nuestra colaboración, y hacernos felices”.
Y esta verdad revelada se ha prolongado en la experiencia que ha tenido cada uno de los participantes durante el Congreso, y que se ha manifestado en las distintas propuestas que han surgido y “que nos ayudarán a ser día tras día, como lo anhelaba el Papa Benedicto XVI, “hombres y mujeres de la misericordia de Dios”.
El cardenal ha evidenciado en la primera parte de su exposición cómo el mundo está necesitado de la misericordia de Dios.
Por un lado, ha enumerado distintas situaciones del mundo actual donde pareciera que Dios se ha cansado de ser compasivo: las guerras, persecuciones, injusticias, martirios, abortos, entre otros; en fin, muchos son los signos de los tiempos que sin una mirada esperanzada y de fe podríamos caer y creer que Dios se ha olvidado de nosotros.
Sin embargo, Dios nunca ha dejado de manifestar su misericordia y su cercanía a sus creaturas; el testimonio de tantos santos que han alcanzado la “corona de la vida eterna”, los distintos eventos eclesiales como el Concilio Vaticano II, la producción de oportunos documentos magisteriales, el surgimiento de nuevas realidades eclesiales como los Movimientos, nuevas comunidades y distintas obras sociales son expresión de cómo la Iglesia es respuesta para el mundo de hoy y de la fidelidad de Dios que sigue manifestando su amor.
“El tiempo actual, nuestro tiempo, no nos permite permanecer indiferentes. Es cierto que muchos son solicitados por el Enemigo y sus seducciones, y colaboran con él. Pero ese no es nuestro camino. Tenemos la experiencia, que nos llena de gratitud, de vivir en un tiempo en que Dios nos ofrece su gracia, su sabiduría y su misericordia a manos llenas, y en que nos invita a cargar con nuestra cruz de discípulos, y a seguirlo hacia la luz y la resurrección”, dijo el cardenal.
Algunas orientaciones dadas por el Santo Padre
El cardenal situó las Proposiciones, frutos de la oración y reflexión de estos días de jornada, en el marco del pontificado de Francisco con la intención de impulsar con alegría y gran fecundidad esta vocación misionera. A continuación traigo algunos extractos:
“1. Nunca seremos misioneros de la misericordia si no llegáramos a ser hijos de la misericordia. Para ello, el Papa Francisco nos dice que tomemos conciencia de que siempre Dios nos ama primero.
(···). Brindar misericordia, dice el Papa, es fruto de haber experimentado la infinita misericordia del Padre.
2. Quienes han experimentado que Dios, en su inconmensurable misericordia nos ha amado y nos ama primero, saben adelantarse,tomar la iniciativa sin miedo, ser ‘Iglesia en salida’ hacia las periferias geográficas y existenciales, con un deseo inagotable de brindar misericordia.
3. Para ayudarnos a tener misericordia (…) tenemos que tener conciencia de ser, nosotros mismos, hombres y mujeres de arcilla, pero con un tesoro
. El tesoro está en vasijas de barro. (…). El Papa nos invita a ser misericordiosos, conscientes de nuestra propia dignidad y fragilidad.
4. “Poner el hombro es un gesto de nuestro Padre Dios, y tenemos que imitarlo (…).
“Cuando uno pone el hombro, uno encuentra su lugar en la vida. Cuando le ponemos el hombro a las necesidades de nuestros hermanos, entonces experimentamos, con asombro y agradecimiento, que Otro nos lleva en hombros a nosotros.
5. (…) Dios nos invita a ser prójimos de todos, especialmente de los necesitados. “Amar al prójimo haciéndose prójimo es lo que nos constituye en seres humanos, en personas. Reconocer al otro como prójimo no me ‘aporta’ nada particular: me constituye esencialmente como persona humana; y entonces, es la base sobre la cual puede constituirse una comunidad humana y no una horda de fieras.”
“Creados a imagen y semejanza del Dios de la misericordia y del perdón”
Hemos sido redimidos para vivir como hermanos y Dios nos ha elevado a la dignidad de ser sus hijos, con el Amor con que nos ha creado y para el cual nos ha creado. Este es el tesoro que llevamos todos, pobres vasijas de barro; por eso el cardenal Errázuriz cuestionó: “¿Cómo no contemplar en todos su belleza el rostro de Cristo y servirlo; también el rostro del Señor en su camino a la cruz y en lo alto del Calvario?”.
El cardenal se remitió a la Virgen María y agradeció su presencia y “el ejemplo que nos dejó en herencia, como hija de la misericordia de Dios con toda la humanidad, y con cada uno de nosotros”.
“Le agradecemos su contemplación y sus obras de misericordia, las de entonces, las recientes y las futuras, implorando la intervención de Dios como en Caná, cada vez que acuden a ella en el silencio de sus corazones y en sus santuarios quienes están más necesitados de amor, fe, compasión y esperanza, pero también de pan, abrigo, salud, justicia y libertad”, dijo.
Finalmente, hizo explícito el llamado de ser una “Iglesia en salida”, y recordó la misión que todo católico tiene de ser testigo del amor de Dios.
“Por gracia de Dios, hemos recibido la vocación más hermosa, y hemos hecho ya nuestra opción –afirmó-: Queremos vivir y trabajar para que nuestro tiempo sea el tiempo de la misericordia, para que nuestras culturas estén fermentadas por el amor ilimitado de Cristo, por la sabiduría del Evangelio, y por la espiritualidad y las obras de la misericordia”.

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