Una sencilla y poderosa oración para vivir una Semana Santa transformadora

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Estamos en semana santa, y en ella, los católicos celebramos el gran misterio de todos los tiempos, lo más importante que ha ocurrido en la historia de este mundo: la redención de la humanidad.

Muchas veces en nuestras vidas, sentimos que Jesús calla, nuestra fe se ve desbordada ante el dolor, el sufrimiento y las heridas provocadas por una vida no muy coherente con el Evangelio. Pero, Jesús está en el camino, Él nos espera, no se cansa, espera que nuestra fe desborde en confianza abandonándonos a su voluntad, entonces surge el milagro.

A continuación te propongo esta sencilla oración para que reflexiones en este martes Santo. Utilizando como base el Evangelio de hoy (San Juan 13,21-33. 36-38) nos pondremos en la presencia del Señor y entablaremos con Él un diálogo personal.

1.- Señal de la cruz: Por la Señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

2. Rezar un Padre nuestro, Ave María y Gloria

3.- Rezar el díalogo a continuación:

Oh amado Señor, me despierto dándote gracias por el don de la vida y del amor. Quiero pedirte que me des hoy la capacidad de saber escucharte con el alma siempre dispuesta y con el corazón dócil y abierto a tus inspiraciones.

Necesito en todo momento de tu fuerza y de tu poder para poder sentir con humildad cada una de las manifestaciones de amor con la que a diario pones en todo a mi alrededor. Quiero poder decirte con pasión desbordante que por Ti daría mi vida, pero luego me acuerdo de Pedro, que luego sufrió de una terrible debilidad que hizo que hasta negara conocerte. No quiero tampoco dejarme llevar ni confiar en las intenciones de mi corazón, sino que seas Tú siempre mi guía y mi bandera, pues no sea que yo me vea luego como Judas, que aún, siguiendo tu proyecto de salvación, que realizó también curaciones y expulsó demonios en tu nombre, se dejó llevar por sus malas pasiones y terminó por venderte por unas monedas de plata.

Oh mi Jesús, muchas veces lloro mis pecados, mis malos deseos me atormentan y se angustia mi alma, soy débil, pero tu Santo Espíritu me anima a levantarme y a seguir adelante. Eres el amigo que no defrauda. Quiero ser fiel a tu amor, a tu Iglesia. Sé que seguirte exige una entrega total y sacrificio de muchas cosas, pero aún así me acerco a Ti para que me limpies de mis egoísmos, de mi orgullo y de todo aquello que no me permita donarme por completo. Te amo, eres el dueño de mi vida, confío en que me bendices en estos momentos y llenas de felicidad mi vida. Amén
Fuente: PildorasdeFe.net

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