Carta de un hombre a la mamá de sus hijos

Por Naran Xadul 

Mi amor:

Hace dos días tuvimos una fuerte discusión. Yo había llegado cansado de los problemas del trabajo. Eran las 8:00 de la noche y lo único que quería era sentarme en el sillón a ver el partido.

Al verte te encontré agotada y de malas. Los niños estaban peleando y el bebé lloraba mientras tú lo tratabas de dormir.

Yo sólo subí el volumen de la tele.

–”No estaría mal que me ayudaras un poco y que te involucraras más en la crianza de tus hijos” – me dijiste con cara de puchero mientras bajabas el volumen.

Yo enojado te contesté que “Me pasaba todo el día trabajando para que tú pudieras quedarte a jugar en casa a las muñecas”.

La discusión se hizo larga. Tú llorabas de coraje y de cansancio. Yo dije cosas crueles. Me gritaste que ya no podías más. Te fuiste de la casa llorando y me dejaste solo con los niños.

Yo tuve que darles de cenar y alistarlos para dormir. Al día siguiente no habías regresado, tuve que pedir el día libre a mi jefe y quedarme a cuidar a los niños.

– Viví los berrinches y los llantos.
– Estar corriendo sin parar y no tener un momento ni para bañarse.
– Tener que preparar la leche, vestir a un niño y limpiar la cocina al mismo tiempo.
– Estar encerrado todo el día sin hablar con nadie mayor de diez años.
– No poder comer tranquilo, sentado en una mesa y a mi tiempo por estar persiguiendo a un niño.
– Estar tan agotado física y mentalmente que sólo deseaba dormir por 20 horas seguidas, pero saber que debía despertarme a las tres horas porque el bebé estaba llorando.

Viví dos días y dos noches en tus zapatos y te puedo decir que ahora lo entiendo.

– Entiendo tu cansancio.
– Que ser mamá es una renuncia constante.
– Es más agotador que 10 horas entre tiburones empresariales y decisiones económicas.
– La tristeza de que renunciaste a tu profesión y a tu libertad económica por no perderte el estar presente en la crianza de tus hijos.
– La incertidumbre que sientes de que tu economía ya no depende de ti, sino de tu pareja.
– Los sacrificios  de no tener tiempo de salir con tus amigos, hacer ejercicio o dormir toda la noche completa.
-Lo difícil que puede llegar a ser sentirse encerrado cuidando niños y sintiendo que te pierdes de lo que ocurre afuera.
– El enojo de que mi mamá critique tu forma de educar a nuestros hijos porque nadie va a saber qué es lo mejor para ellos que su propia madre.

Entiendo que al ser mamá llevas la carga más pesada de la sociedad. La que nadie reconoce, valora o remunera.

Te escribo esta carta no sólo para que regreses por que te extraño, sino porque no quiero que pase otro día más sin que te diga antes de acabar el día:

 “Eres muy valiente, lo estás haciendo muy bien y te admiro”.

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