No pongas de cabeza a San Antonio de Padua

Fuente: CAMINEO.INFO

San Antonio de Padua es, como sabemos, buscado por jovencitas, y por otras ya no tanto, para que les consiga un pretendiente que sea buen novio y luego buen esposo. Le piden que sea bien parecido y fiel; que tenga patrimonio, y que si no lo tiene, al menos que sea trabajador dedicado y esmerado; que no tenga vicios; que sea buen padre de sus hijos.

Sabemos también que las jovencitas, y las otras ya no tanto, pronto se desesperan y recurren al infundado recurso de voltear de cabeza una imagen de San Antonio, que ya tienen, o que se consiguen para ello, porque piensan que si lo ponen de cabeza él les obtendrá pronto eso que le piden.

Busqué a un fraile franciscano para saber si funciona eso de poner a San Antonio de cabeza, porque pienso que, habiendo sido tan grande santo y buen predicador entregado al anuncio del Evangelio, San Antonio no miraría con agrado esa banalidad de ponerlo de cabeza para obtener lo que se busca, por bueno y noble que sea.

Fray Manolo me respondió: “Mira, sí les consigue un novio, pero malo, y sí les obtiene un marido, pero irresponsable y golpeador”.

No estoy seguro de que el fraile me haya respondido en broma, o si porque queriendo hacerle un favor a su hermano de Hábito y de Orden, me haya dado una respuesta que, evidentemente, evita que se siga poniendo de cabeza a su cofrade. Sólo les cuento lo que me dijo, pero mejor que arriesgarse, es conocer más de este santo a quien celebramos el 13 de junio y quien nació en Lisboa, Portugal, en 1195, y quien a los 17 años ingresó a un monasterio agustino, alcanzando ya desde joven un alto grado de santidad dedicado a la oración y al estudio de las sagradas escrituras.

Quiso conocer a San Francisco de Asís, por lo que se separó de los agustinos para hacerse franciscano a los 27 años tomando el nombre de Antonio en recuerdo de San Antonio Abad.

San Francisco le dijo que su oficio sería el de predicador, por lo que, en obediencia, recorría pueblos y ciudades predicando. Su predicación conmovía corazones y transformaba voluntades. Las multitudes lo seguían.

En 1221 el superior le encargó predicar ante los religiosos que serían ordenados sacerdotes, y brilló de tal manera su saber en aquel sermón, que el provincial lo dedicó únicamente a predicar. Antonio poseía las cualidades de un buen predicador: ciencia, elocuencia, poder para conmover, deseo de salvar almas, y una voz sonora y agradable que llegaba hasta muy lejos. Horas antes de que empezaran sus sermones ya las iglesias estaban repletas, y muchas veces tuvo que predicar en las plazas porque en las iglesias no cabía la gente.

En Padua todos lo amaban. Las multitudes cambiaban de conducta al oírlo predicar, la paz volvía a quienes estaban peleados y los ladrones devolvían lo que se habían robado. Luchó para que los prestamistas no cobraran intereses altos y obtuvo que a los pobres no los encarcelaran por deudas. Murió el 13 de junio de 1231 a los 35 años. Un año después fue canonizado por Gregorio XI.

San Antonio es conocido por conseguir un buen esposo, a quien con devoción se lo pide, pero también es un poderoso intercesor ante Dios para conseguir milagros, hacer cumplir los derechos humanos, encontrar lo perdido, proteger a los huérfanos y desamparados, y ablandar los corazones endurecidos.

Le podemos llamar “San Toñito” porque “murió chiquito”, como me dijo otro franciscano, el historiador de la Orden en México, y quien me enseñó una letanía que le podemos rezar para encontrar las cosas perdidas:

“Señor, ten piedad. Cristo, ten piedad. Señor, ten piedad. Por los que hemos perdido… ( a cada intención se repite “San Antonio, ruega por nosotros”): Nuestra salud. La salud de un ser querido. Nuestra paz. La paz en nuestra familia. La paz en nuestra sociedad. Nuestra casa. Nuestra seguridad económica. Nuestro trabajo. Un ser querido. Una amistad. Nuestro amor. Nuestra templanza. Nuestra fe. La esperanza. Nuestra dignidad. Nuestra inocencia. Nuestra libertad. Nuestra confianza en otros. Nuestra virtud (decir aquí la pérdida personal). Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros. Dios, todo Amor y Bondad, que nos has dado a San Antonio como santo patrono de las cosas perdidas, suplicamos por medio de este glorioso intercesor Tu misericordia. Escucha su voz cuando clame a Ti a favor nuestro, y concédenos aquello que nos ayude a crecer en Tu amor. Amén.”

Pídele a San Toñito, pero por favor… ¡no lo pongas de cabeza!

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