VATICANO, 09 Oct. 16 / 09:48 am (Fuente ACI).- Ernest Simoni es un anciano sacerdote que sobrevivió a la pena de muerte que le impuso el régimen comunista de Albania en 1963, sin embargo salvó de morir y su testimonio hizo llorar al Papa Francisco durante la visita que hizo a este país en septiembre 2014. Hoy, desde la Plaza de San Pedro el Pontífice anunció que el P. Simoni será creado cardenal en el consistorio de noviembre.

El Papa hizo este anuncio al término de la Misa por el Jubileo Mariano, donde indicó que el 19 de noviembre, en la vigilia de clausura de la Puerta Santa de la Misericordia, creará 13 nuevos cardenales con derecho a voto. Sin embargo, también creará otros cuatro cardenales que, sin bien por su edad no tendrán este derecho, los quiere honrar con este reconocimiento por su testimonio y labor apostólica en los años precedentes.

“Ellos representan a muchos Obispos y sacerdotes que en toda la Iglesia edifican el pueblo de Dios, anunciando el amor misericordioso de Dios en el cuidado diario del rebaño del Señor y en la confesión de la fe”, afirmó Francisco.

Uno de quienes recibirá este reconocimiento es el P. Simoni, sacerdote que sufrió la persecución religiosa del dictador comunista Enver Hoxha, que proclamó a Albania “el primer estado ateo del mundo”.

El sacerdote nació en Troshani en 1928 y fue ordenado sacerdote en 1956; doce años después de que los comunistas tomaran el poder en Albania.

El Código de Derecho Canónico establece en el artículo 351 que “para ser promovidos a Cardenales, el Romano Pontífice elige libremente entre aquellos varones que hayan recibido al menos el presbiterado y que destaquen notablemente por su doctrina, costumbres, piedad y prudencia en la gestión de asuntos; pero los que aún no son Obispos deben recibir la consagración episcopal”. Es decir que cualquier sacerdote puede ser hecho cardenal.

El martirio del P. Simoni

Según relató el mismo P. Simoni en septiembre de 2014 –durante la visita de Francisco-, en diciembre de 1944 el régimen comunista trató de eliminar la fe y al clero con “arrestos, torturas y asesinatos de sacerdotes y laicos por siete años seguidos, derramando la sangre de los fieles algunos de los cuales antes de ser fusilados gritaban: Viva Cristo Rey”.

Al ver que no lograban su objetivo, en 1952 las autoridades reunieron a los sacerdotes y les ofrecieron vivir en libertad a cambio de distanciarse de la Santa Sede, sin embargo los presbíteros rechazaron este pedido.

El P. Simoni recordó que antes de ordenarse sacerdote estudió con los franciscanos de 1938 hasta 1948, pero cuando sus superiores fueron fusilados, debió seguir sus estudios clandestinamente. “Pasaron dos años terribles y el 7 de abril de 1956 fui ordenado sacerdote, el día después de Pascua y en la Fiesta de la Divina Misericordia celebré mi Primera Misa”, indicó.

El 24 de diciembre de 1963 al concluir la Misa de Vísperas de Navidad, cuatro oficiales le presentaron el decreto de arresto y fusilamiento, fue esposado y detenido. En el interrogatorio le dijeron que sería ahorcado como un enemigo porque dijo al pueblo “que moriremos todos por Cristo de ser necesario”.

Las torturas lo dejaron en muy mal estado. “El Señor quiso que continuara viviendo”. Entre los cargos que le imputaron figuraba celebrar una Misa por el alma del Presidente John F. Kennedy, asesinado en noviembre de ese año; Eucaristía que celebró por una indicación del Papa Pablo VI a todos los sacerdotes del mundo.

“La Divina Providencia ha querido que mi condena a muerte no fuese llevado a cabo enseguida. En la sala trajeron a otro prisionero, un querido amigo mío, con el propósito de espiarme, el empezó a hablar mal contra el partido”, relató el sacerdote al Papa Francisco.

“Yo de todos modos respondía que Cristo nos había enseñado a amar a los enemigos y a perdonarlos y que nosotros debíamos empeñarnos en el bien del pueblo. Esas palabras mías llegaron a los oídos del dictador que al cabo de algunos días me liberó de la condena a muerte”, explicó el P. Simone.

Los comunistas cambiaron su condena a muerte por 28 años de trabajos forzados. “He trabajado en los canales de aguas negras y durante el periodo de prisión he celebrado la Misa, he confesado y distribuido la comunión a escondidas”, relató.

El sacerdote fue liberado solo cuando cayó el régimen comunista y empezó la libertad religiosa. “El Señor me ha ayudado a servir tantos pueblos y a reconciliar a muchas personas, alejando el odio y al diablo de los corazones de los hombres”, aseguró antes de terminar su testimonio delante del Papa Francisco.

“Santidad seguro de poder expresar la intención de los presentes le ruego por la intercesión de la Santísima madre de Cristo, el Señor le de vida, salud y fuerza en la guía del gran rebaño que es la Iglesia de Cristo, Amén”, concluyó el P. Simoni antes de estrechar al Papa en un abrazo que hizo llorar al Pontífice y a los presentes.

Deja un comentario