El papa Francisco explica por qué pueden ser buenas las dudas de fe

Este miércoles, el Papa tuvo su audiencia general a cubierto, en el Aula Pablo VI. Eso no impidió que los peregrinos le recibieran tan ruidosos como siempre.
Aunque ha concluido el Jubileo, el Papa continuó su catequesis sobre las Obras de Misericordia. En concreto habló sobre aconsejar a quien lo necesita y enseñar al que no sabe.
Francisco dijo que las dudas, también las de fe, no son por sí mismas un problema, porque significan que la persona está interesada en profundizar su conocimiento de Cristo.
FRANCISCO
“Alguno podría preguntarme: ‘Padre, tengo muchas dudas de fe, ¿qué debo hacer? ¿Usted no tienes nunca dudas?’ Tengo muchas, muchas. Por supuesto que en algún momento a todos nos vienen dudas. Las dudas de fe, en positivo, son una señal de que queremos conocer mejor y más a fondo a Dios, a Jesús, el misterio de su amor por nosotros”.
Dijo que para evitar que las dudas sean abrumadoras y nos bloqueen, lo mejor es vivir la fe en los gestos pequeños de cada día.
FRANCISCO
“Que la fe no sea una teoría abstracta donde las dudas se multiplican. Que la fe sea nuestra vida. Intentemos practicarla en el servicio a nuestros hermanos, especialmente a los más necesitados. Y entonces las dudas desaparecen, porque sentimos la presencia de Dios y la verdad del Evangelio en ese amor que, sin mérito por nuestra parte, vive en nosotros y compartimos con los demás”.
También el Papa recordó que Dios no reveló la fe a los más inteligentes o a los sabios, sino a los más pobres y sencillos.
El Papa también explicó la importancia de enseñar al que no sabe, especialmente a los niños.
FRANCISCO
“Pensemos, por ejemplo, en los niños que todavía sufren de analfabetismo. No se entiende cómo en un mundo en el que el progreso científico y tecnológico ha llegado tan lejos, hay también niños analfabetos. No se puede entender. Es una injusticia”.
Antes de marcharse, el Papa recordó a los peregrinos que las obras de misericordia cambian el mundo, y que son un deber que deriva del amor incondicional de Dios.

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